Anteayer volaba despreocupadamente por la web cuando algo llamó mi atención. En los comentarios a una noticia más de las desalentadoras noticias económicas que caen a diario, un lector citaba a Einstein como autor del texto que comedidamente pegó como resumen de su intervención:
No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.
La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.
La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.
Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.
El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.
Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.
En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.
Pensé: ¿Qué Einstein?, porque el pensamiento y la escritura del afamado científico y humanista de melena revuelta decididamente no encajaban con ese texto, más cercano a Un mensaje a García, pero sustituyendo la límpida y guerrera honestidad protestante findesigloXIX de Hubbard por el dulzón, tramposo y turbio estilo motivacional-new age actual. O a ¿Quién se ha llevado mi queso?, pero sustituyendo la simple y entretenida alegoría gerencial de Johnson por las admonitorias frases de un gurú estilo Deepak Chopra.
Curioso por el origen de este bulo, hice una investigación en la red y en los textos de Einstein en los que podrían existir referencias a crisis (la de 1929, por ejemplo). Más allá de que en efecto, se trataba de un hoax, deploré que el bicho pareciera haber sido creado en español, ya que había surgido en ese idioma tras la debacle económica de septiembre de 2008 (aunque ya existen actualmente versiones al inglés y a otros idiomas, lo que demuestra la universalidad de la incultura). Pero lo que me causó más asombro fue ver que… ¡existen defensores cuasi religiosos del falso Einstein! En efecto, hay varias páginas en donde internautas henchidos de fervor falsoeinsteniano adoran ese texto por haberlos iluminado, y afirman incluso que no les importa que se haya comprobado que tales palabras no son de Einstein, porque para ellos el texto es La Verdad.
Les digo algo. Es muy probable que las palabras que se las atribuyen a Einstein no sean de Einstein. Lo único cierto es que no son mías y lo verdaderamente importante es lo que dice. No perdamos el tiempo en lo menos trascendente, el mensaje que se entrega es buenísimo, no hay nada más cierto. Esperé que alguien hiciera alguna alusión al respecto, pero me doy cuenta que es un problema cultural, siempre ver el vaso medio vacío.Podemos mejorar, estamos en una época de giro. Hay gente que se ha visto perjudicada con la crisis. Para todos ustedes van estas palabras, para que puedan salir adelante, si son de Einstein o no lo discutimos en otra oportunidad, cuando esté resuelto todo lo otro.(http://www.cnnchile.com/blog/?p=435)
Una de las frases que siempre intento tener presente es la de “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”. de Albert Einstein… (http://mx.buzzear.net/tag/descubrimientos)
No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. Albert Einstein (http://www.redcalc.org/info.asp?Ob=1&Id=301)
La Verdad es que The World as I See It, libro de un centenar de páginas escrito en 1931, es el texto del buen Albert en cuyas páginas se leen sus opiniones sobre economía y crisis, pero principalísimamente sobre humanismo, judaísmo, promoción de la paz y ética, es decir, responsabilidad individual y colectiva. Así comienza el Capítulo 1, Parte 1 (la traducción es mía):
El significado de la Vida
¿Cuál es el significado de la vida humana, o de la vida orgánica en su conjunto? Responder esta cuestión completamente implica una religión. ¿Tiene entonces algún sentido, usted preguntará, considerarla? Yo respondo, el hombre que juzga su propia vida y la de sus semejantes como desprovistas de sentido no solamente es desafortunado, está prácticamente descalificado para la vida.
El mundo como yo lo veo
¡Qué extraordinaria situación la de nosotros los mortales! Cada uno de nosotros está aquí durante una breve estancia; con que propósito no lo sabemos, a veces pensamos que podemos sentirlo. Pero desde la perspectiva de la vida diaria, sin profundizar demasiado, existimos para nuestros allegados, en primer lugar para aquellos de cuyas sonrisas y bienestar depende totalmente nuestra felicidad, y enseguida para todos aquellos desconocidos a quienes estamos ligados por los lazos de la simpatía. Cada día me recuerdo a mí mismo cientos de veces que mi vida interior y exterior depende de las actividades de otros hombres, vivos y muertos, y que debo esforzarme a mí mismo a fin de dar en la misma medida como he recibido y continúo recibiendo. Soy fuertemente atraído a la vida simple y muchas veces me oprime el sentimiento de que requiero una innecesaria cantidad del trabajo de mis allegados. Considero las diferencias de clase contrarias a la justicia y, como último recurso, basadas en la fuerza. También considero que vivir con sencillez es bueno para todos, física y mentalmente.
En cuanto a la libertad humana, en el sentido filosófico, soy definitivamente un descreído. Cada quién actúa no sólo bajo el impulso externo sino también de acuerdo con la necesidad interior. La frase de Schopenhauer: un hombre puede hacer lo que quiere, pero no querer lo que quiere, ha sido una inspiración para mi desde mi temprana juventud, y un continuo consuelo y un infalible manantial de paciencia frente a las penalidades de la vida, las propias y las de los demás. Este sentimiento caritativamente mitiga el sentido de responsabilidad, que fácilmente se vuelve paralizante, y nos evita tomarnos demasiado en serio a nosotros mismos o a otras personas; conduce a una visión de la vida en la que el humor, sobre todo, tiene su debido lugar.
Indagar después el significado u objeto de la propia existencia o de la creación en general siempre me ha parecido absurdo desde un punto de vista objetivo. Y no obstante cada quién tiene ideales ciertos que determinan la dirección de sus esfuerzos y juicios. En este sentido nunca he visto la comodidad y la felicidad como fines en sí mismos -tal base ética yo la estimo más acorde a una piara de cerdos. Los ideales que me han iluminado en mi camino y que de tiempo en tiempo me dan nuevos bríos para encarar la vida de buena gana han sido la Verdad, la Bondad y la Belleza. Sin el sentido de compañerismo con hombres de mentes afines, de preocupación con el objetivo, de lo eternamente inalcanzable en el campo del arte y la investigación científica, la vida me habría parecido vacía. Los objetos ordinarios del esfuerzo humano -propiedades, éxito social, lujo- siempre me han parecido despreciables.
Mi apasionado sentido de justicia y responsabilidad sociales siempre ha contrastado singularmente con mi declarada libertad de la necesidad de contacto con otros seres y comunidades humanas. Voy por mi propio camino y, de todo corazón, nunca he pertenecido a mi país, a mi casa, a mis amigos o incluso a mi familia inmediata. Frente a estos lazos nunca he perdido un obstinado sentido de desapego, de la necesidad de soledad -un sentimiento que crece con los años. Se es agudamente consciente, y no hay pena en ello, de los límites de la posibilidad de mutuo entendimiento y simpatía con las criaturas de uno que están al lado. Tal persona sin duda pierde algo en el camino de la genialidad y el buen ánimo; por otra parte, es ampliamente independiente de las opiniones, hábitos y juicios de sus cercanos y evita la tentación de elevarse sobre cimientos tan inseguros.
Dejemos aquí la traducción. Con esto basta.
Estas palabras son la verdadera literatura motivacional. Estos son los textos que al leerlos te cambian la vida, los textos de verdadera superacion personal. Leer a alguien que piensa así, que vivió así, coherente con sus ideas, vivir una vida sencilla, basada en los ideales de Verdad, Bondad y Belleza, sin olvidar nunca que eres una parte viviente del tejido humano pasado y presente, que te da y al que has de dar.
Por eso mismo, doy gracias al mequetrefe anónimo que compuso un mentiroso textículo para manual de tiburones, cerdos y halcones obsesionados con la competitividad y las ventas, atravesándole el nombre de Einstein. Me hizo revisitar las palabras de un hombre sabio, digno y responsable, es decir, verdadero, esa voz que da aliento aún en la hora más negra de la desesperanza.
Cuando Perro Líquido desapareció, el Pez Soluble susurró a la Galleta Blanda: “¿Hueles el mentol?”
Anteayer volaba despreocupadamente por la web cuando algo llamó mi atención. En los comentarios a una noticia más de las desalentadoras noticias económicas que caen a diario, un lector citaba a Einstein como autor del texto que comedidamente pegó como resumen de su intervención:
No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo.
La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.
La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.
Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’.
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.
El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones.
Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo.
En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.
Pensé: ¿Qué Einstein?, porque el pensamiento y la escritura del afamado científico y humanista de melena revuelta decididamente no encajan con ese texto, más cercano a Un mensaje a García, pero sustituyendo la límpida y guerrera honestidad protestante findesigloXIX de Hubbard por el dulzón, tramposo y turbio estilo motivacional-new age actual. O a ¿Quién se ha llevado mi queso?, pero sustituyendo la simple y entretenida alegoría gerencial de Johnson por las admonitorias frases de un gurú estilo Deepak Chopra.
Curioso por el origen de este casi seguro fraude, hice una investigación en la red, con mis amigos físicos y en los textos de Einstein en los que podrían existir referencias a crisis (la de 1929, por ejemplo). Más allá de que en efecto, confirmé que se trataba de un vil engaño, un hoax, deploré que tal bicho mentiroso proviniera de un sinvergüenza que escribe en español, ya que el texto había aparecido en ese idioma tras la debacle económica de septiembre de 2008 (aunque ya existen actualmente versiones al inglés y a otros idiomas, lo que demuestra la universalidad de la incultura). A renglón seguido, lo que me causó más asombro fue descubrir que… ¡existen defensores cuasi religiosos del falso Einstein! En efecto, hay varias páginas en donde internautas henchidos de fervor falsoeinsteniano adoran ese texto por haberlos iluminado, y afirman incluso que no les importa que sea un hecho comprobado que tales palabras no son de Einstein, porque para ellos el texto es La Verdad:
Les digo algo. Es muy probable que las palabras que se las atribuyen a Einstein no sean de Einstein. Lo único cierto es que no son mías y lo verdaderamente importante es lo que dice. No perdamos el tiempo en lo menos trascendente, el mensaje que se entrega es buenísimo, no hay nada más cierto. Esperé que alguien hiciera alguna alusión al respecto, pero me doy cuenta que es un problema cultural, siempre ver el vaso medio vacío.Podemos mejorar, estamos en una época de giro. Hay gente que se ha visto perjudicada con la crisis. Para todos ustedes van estas palabras, para que puedan salir adelante, si son de Einstein o no lo discutimos en otra oportunidad, cuando esté resuelto todo lo otro.(http://www.cnnchile.com/blog/?p=435)
Una de las frases que siempre intento tener presente es la de “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”. de Albert Einstein… (http://mx.buzzear.net/tag/descubrimientos)
No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. Albert Einstein (http://www.redcalc.org/info.asp?Ob=1&Id=301)
La VERDAD es que The World as I See It, libro de un centenar de páginas escrito en 1931, es el texto del buen Albert en cuyas páginas se leen sus opiniones sobre economía y crisis, pero principalísimamente sobre humanismo, judaísmo, promoción de la paz y ética, es decir, responsabilidad individual y colectiva. Así comienza el Capítulo 1, Parte 1 (la traducción es mía):
El significado de la Vida
¿Cuál es el significado de la vida humana, o de la vida orgánica en su conjunto? Responder esta cuestión completamente implica una religión. ¿Tiene entonces algún sentido, usted preguntará, considerarla? Yo respondo, el hombre que juzga su propia vida y la de sus semejantes como desprovistas de sentido no solamente es desafortunado, está prácticamente descalificado para la vida.
El mundo como yo lo veo
¡Qué extraordinaria situación la de nosotros los mortales! Cada uno de nosotros está aquí durante una breve estancia; con que propósito no lo sabemos, a veces pensamos que podemos sentirlo. Pero desde la perspectiva de la vida diaria, sin profundizar demasiado, existimos para nuestros allegados, en primer lugar para aquellos de cuyas sonrisas y bienestar depende totalmente nuestra felicidad, y enseguida para todos aquellos desconocidos a quienes estamos ligados por los lazos de la simpatía. Cada día me recuerdo a mí mismo cientos de veces que mi vida interior y exterior depende de las actividades de otros hombres, vivos y muertos, y que debo esforzarme a mí mismo a fin de dar en la misma medida como he recibido y continúo recibiendo. Soy fuertemente atraído a la vida simple y muchas veces me oprime el sentimiento de que requiero una innecesaria cantidad del trabajo de mis allegados. Considero las diferencias de clase contrarias a la justicia y, como último recurso, basadas en la fuerza. También considero que vivir con sencillez es bueno para todos, física y mentalmente.
En cuanto a la libertad humana, en el sentido filosófico, soy definitivamente un descreído. Cada quién actúa no sólo bajo el impulso externo sino también de acuerdo con la necesidad interior. La frase de Schopenhauer: un hombre puede hacer lo que quiere, pero no querer lo que quiere, ha sido una inspiración para mi desde mi temprana juventud, y un continuo consuelo y un infalible manantial de paciencia frente a las penalidades de la vida, las propias y las de los demás. Este sentimiento caritativamente mitiga el sentido de responsabilidad, que fácilmente se vuelve paralizante, y nos evita tomarnos demasiado en serio a nosotros mismos o a otras personas; conduce a una visión de la vida en la que el humor, sobre todo, tiene su debido lugar.
Indagar después el significado u objeto de la propia existencia o de la creación en general siempre me ha parecido absurdo desde un punto de vista objetivo. Y no obstante cada quién tiene ideales ciertos que determinan la dirección de sus esfuerzos y juicios. En este sentido nunca he visto la comodidad y la felicidad como fines en sí mismos -tal base ética yo la estimo más acorde a una piara de cerdos. Los ideales que me han iluminado en mi camino y que de tiempo en tiempo me dan nuevos bríos para encarar la vida de buena gana han sido la Verdad, la Bondad y la Belleza. Sin el sentido de compañerismo con hombres de mentes afines, de preocupación con el objetivo, de lo eternamente inalcanzable en el campo del arte y la investigación científica, la vida me habría parecido vacía. Los objetos ordinarios del esfuerzo humano -propiedades, éxito social, lujo- siempre me han parecido despreciables.
Mi apasionado sentido de justicia y responsabilidad sociales siempre ha contrastado singularmente con mi declarada libertad de la necesidad de contacto con otros seres y comunidades humanas. Voy por mi propio camino y, de todo corazón, nunca he pertenecido a mi país, a mi casa, a mis amigos o incluso a mi familia inmediata. Frente a estos lazos nunca he perdido un obstinado sentido de desapego, de la necesidad de soledad -un sentimiento que crece con los años. Se es agudamente consciente, y no hay pena en ello, de los límites de la posibilidad de mutuo entendimiento y simpatía con las criaturas de uno que están al lado. Tal persona sin duda pierde algo en el camino de la genialidad y el buen ánimo; por otra parte, es ampliamente independiente de las opiniones, hábitos y juicios de sus cercanos y evita la tentación de elevarse sobre cimientos tan inseguros.
Dejemos aquí la traducción. Con esto basta.
Estas palabras son la verdadera literatura motivacional. Estos son los textos que al leerlos te cambian la vida, los textos de verdadera superacion personal. Leer a alguien que piensa así, que vivió así, coherente con sus ideas, vivir una vida sencilla, basada en los ideales de Verdad, Bondad y Belleza, sin olvidar nunca que eres una parte viviente del tejido humano pasado y presente, que te da y al que has de dar.
Por eso mismo, doy gracias al mequetrefe anónimo que compuso un mentiroso textículo para manual de tiburones, cerdos y halcones obsesionados con la competitividad y las ventas, atravesándole el nombre de Einstein. Me hizo revisitar las palabras de un hombre sabio, digno y responsable, es decir, verdadero, esa voz de verdad que da aliento en la hora más negra de la desesperanza.
Cuando Perro Líquido desapareció, el Pez Soluble susurró a la Galleta Blanda: “¿Hueles el mentol?”
Escrito en General, La Madre de todas las redes
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