De los modos de literaturear en el siglo XXI
No me trago eso de que internet matará a los libros.
Sin embargo, he sorprendido una nueva situación que vivimos quienes habitualmente literatureamos (leemos o hacemos literatura). Resulta que nuestros discos duros tienen apartado un rincón donde comienzan a acumularse los e-books. De todo tipo: habitualmente en irreprochables formatos pdf, aunque también aparecen por allí .doc emitidos por holgazanes que no les gusta cuidar las formas, o hasta .txt editados en el colmo del minimalismo (o la mezquindad).
El punto interesante es que también solemos tener una biblioteca tangible, con volúmenes sólidos, que huelen y ocupan triunfalmente nuestras paredes a manera de trofeos de nuestro amor por el saber, o de pieles de animales exóticos que hemos cazado, si es que son de colección.
¿En qué papel (virtual) queda nuestra ingente biblioteca invisible de e-books, en castizo español libros electrónicos?
Frente a los libros de carne y hueso los libros-e poseen una evidente cualidad metafísica, que definiría sugerente, y un serio problema de timidez, pues simplemente no se les da ser conspicuos (imagino un tomo de Lolita que yace impúdico en la mesita o en el escritorio), quizá por este motivo albergan algo de placer culpable, algo así como el amigo impresentable que sabemos que tiene algo bueno, pero nadie más se lo ve, o como el conocido circunstancial que no interesa conservar.
Reviso mis libros-e, y descubro que está el Código da vinci, porque había que leerlo para saber que tan malo era. El mismo caso del Evangelio según Jesucristo (Saramago no es un tonto eficaz como Brown, sólo un topo que habla de alas). El perfume… buen libro, interesante, punto. ¡El corazón de las tinieblas! la causa fue que me urgía una cita y el libro no estaba en mi biblioteca de papel. Rápidamente subsané la carencia y ahora mora en ambos mundos, como corresponde a un libro inmortal.
La ciudadela, de Saint Exupery. Ahora entramos a los libros que justifican esa cualidad metafísica de los libros-e, que les da un halo inalcanzable, esa aura de estar sin estar del todo. Nunca he visto en una librería este libro, el último del piloto escritor, como tampoco tendré nunca una edición facsimilar del Malleus Maleficarum, o el Demonomanie des Sorciers, que aquí están también en su edición e. Los illuminati. este pertenece a la sección anterior, conseguido para entender a ciertas mentes extrañas que me he encontrado por allí; el mismo caso de Mi lucha, hay libros que como los venenos no se deben dejar en cualquier parte. Termino aquí el recuento, creo que me interesa escuchar otras opiniones. Tú, literatureador, ¿a ti qué te dice tu biblioteca intangible?
Así que bienvenidas sean las bibliotecas invisibles, esas cavas de obras secretas que, como circunstancia de su condición, a su debido tiempo donaremos a alguien especialmente cercano o consignaremos al fuego, o mejor dicho, al cesto de la basura del ordenador.
Una vez más, Pausolita amenaza con probarse la escafandra infinitesimal.
